El síndrome del “burnout”

por Montse Corderas
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El síndrome de burnout (del inglés burn-out: consumirse o agotarse) o síndrome del trabajador quemado consiste en la evolución del estrés laboral hacia un estado de estrés crónico. Este síndrome se manifiesta a través de un estado de agotamiento físico y mental que se prolonga en el tiempo y llega a alterar la personalidad y autoestima del trabajador. Es un proceso en el que progresivamente el trabajador sufre una pérdida del interés por sus tareas y va desarrollando una reacción psicológica negativa hacia su ocupación laboral.

Síntomas

1) Agotamiento generalizado

El trabajador sufre una pérdida de energía en todos los niveles de salud:

  • Señales de agotamiento físico: fatiga crónica, aumento de peso o bien pérdida de apetito. Aparición de alteraciones psicosomáticas como dolores musculares, migrañas, problemas gastrointestinales y, en el caso de las mujeres, desregulación del ciclo menstrual.
  • Señales de agotamiento mental: el estrés y la ansiedad son los principales protagonistas que preceden al síndrome del trabajador quemado. Es más, el burnout se alimenta de ambos, además de tener relación con la aparición de trastornos adaptativos, relacionados con el estrés, la ansiedad, la depresión y el insomnio.

2) Despersonalización y cinismo

El burnout produce un cambio en el comportamiento del trabajador que lo sufre. Éste adopta una actitud de indiferencia y desapego, reduciendo claramente su compromiso hacia el trabajo. Esto se manifiesta también en sus relaciones en el ámbito laboral, tanto con compañeros como con clientes. La irritabilidad y el endurecimiento del trato se convierten en tónicas habituales dentro de la forma de actuar de un trabajador quemado, los clientes, usuarios o personas con las que interaccionan perciben este cambio de actitud, pero también la familia y su entorno social.

3) Descenso en la productividad laboral y desmotivación

Los dos puntos anteriores derivan en una bajada de la productividad laboral y en una desmotivación que genera frustración y evidencia una ausencia de realización personal en el trabajo. Hay falta de atención hacia las tareas, olvidos frecuentes y una desidia generalizada que nace de la dificultad para concentrarse. Todo ello forma parte de un círculo vicioso que se retroalimenta constantemente (nunca consigue ser el trabajador que era antes de quemarse y ello le genera mayor sufrimiento), ya que la incapacidad de cumplir con el trabajo, concentrarse, gestionar sus actividades, etc., no deja avanzar en la cada vez mayor “pila de tareas pendientes”.

Causas o factores de riesgo

El origen exacto del síndrome de burnout no está determinado en un 100%, pero puede ser fruto de distintas causas:

  • Perfeccionismo pronunciado
  • Gran ambición
  • Fuerte sentido de la responsabilidad
  • Ansia de poder solo con todo el trabajo
  • Baja tolerancia a la frustración
  • Baja tolerancia a la exposición al estrés
  • Lagunas en las tareas asignadas
  • Sobredimensionamiento de funciones o exceso de responsabilidades
  • Jornadas laborales o turnos demasiado largos
  • Trabajos muy monótonos
  • Ambiente laboral complicado o acoso laboral
  • Presión asistencial
  • Falta de apoyos y recursos
  • Puestos relacionados con atención al público, clientes o usuarios

Medidas preventivas

La prevención es posible y, además, se puede prevenir, minimizar y eliminar el riesgo. Las medidas preventivas frente al síndrome de burnout son similares a aquellas necesarias para manejar situaciones de estrés laboral:

  • Buena comunicación: realización de cuestionarios o la medición de los niveles de cortisol del empleado.
  • Técnicas de relajación: meditaciones guiadas o la escucha de música relajante.
  • Estiramientos y ejercicios antiestrés.
  • Práctica habitual de algún deporte.
  • Estrategias asertivas: enfocadas en una buena gestión de las emociones y la comunicación con los demás.
  • Terapia psicológica: desarrollo de mecanismos eficaces para afrontar situaciones que producen estrés y ansiedad.
  • Estilo de vida saludable: evitar el tabaco y el alcohol, dormir las horas suficientes, comer de manera equilibrada…

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