Como seleccionar perfiles directivos: no es una contratación cualquiera

por Anna Tañà

Cuando una empresa pierde a un mando intermedio o a un directivo clave, el primer impulso suele ser actuar rápido. Publicar una oferta, revisar currículums, hacer entrevistas y cerrar la vacante cuanto antes. El problema es que ese proceso, que funciona bien para muchos perfiles, no está diseñado para este nivel.

Seleccionar un director comercial, un responsable de operaciones o un jefe de área no es solo una decisión de recursos humanos. Es una decisión de negocio. El perfil que incorporas definirá la dirección de un equipo, la ejecución de una estrategia y, en muchos casos, la capacidad de la empresa para afrontar el siguiente ciclo de crecimiento.

Este artículo está escrito para los directivos y responsables que se enfrentan a ese proceso, muchas veces por primera vez, sin un departamento de RRHH interno que lo gestione. Antes de empezar la búsqueda, conviene entender por qué este proceso funciona de forma distinta.

Por qué este proceso no funciona como uno estándar

La diferencia no está en la importancia del puesto. Está en cómo funciona el mercado de talento a este nivel.

El candidato que realmente encaja con una posición directiva, en la mayoría de los casos, no está buscando trabajo. No ha actualizado su perfil de LinkedIn, no revisa portales de empleo y no va a presentarse a una oferta abierta. Está trabajando, generando resultados en otra empresa, y solo se planteará un cambio si alguien le presenta una oportunidad concreta que le interese. Esto significa que esperar a que lleguen candidatos no es una estrategia: es una garantía de recibir perfiles que no son los que necesitas.

A eso se suma la confidencialidad. En muchos procesos de selección de directivos o mandos intermedios, la vacante no puede hacerse pública. Puede que el puesto esté ocupado por alguien que todavía no sabe que va a ser sustituido, que el candidato objetivo trabaje en un competidor directo, o simplemente que la empresa no quiera señalar públicamente que está en un momento de cambio. Gestionar esa discreción requiere canales y formas de contacto que no se improvisan.

Y luego está la evaluación. Con un perfil técnico o administrativo, verificar la experiencia y las competencias es relativamente directo. Con un directivo, el currículum es solo el punto de partida. Lo que realmente determina si el proceso va a funcionar es el encaje cultural, el estilo de liderazgo, la capacidad de adaptación al momento concreto de la empresa y la forma en que esa persona gestiona equipos bajo presión. Eso no se ve en un CV ni en una entrevista estándar.

El coste real de una mala incorporación directiva

Una incorporación equivocada a nivel directivo no es un problema de RRHH. Es un problema de negocio con consecuencias que se extienden mucho más allá del salario.

Cuando un directivo no encaja, el primer efecto es en el equipo que gestiona. La incertidumbre, los cambios de criterio o un estilo de liderazgo que no conecta con la cultura de la empresa generan fricción, desmotivación y, en los casos más graves, la salida de personas clave que no querían irse. Recuperar ese capital humano lleva tiempo y dinero.

El segundo efecto es operativo. Un directivo que no rinde como se esperaba paraliza decisiones, frena proyectos y obliga a la dirección general a dedicar energía a apagar fuegos en lugar de ejecutar estrategia. Ese tiempo tiene un coste que no aparece en ninguna factura pero que toda empresa que lo ha vivido sabe medir perfectamente.

Y cuando el proceso acaba en salida, se reinicia: nueva búsqueda, nuevo proceso, nuevos meses sin cobertura en una posición crítica. El coste no es solo económico. Es el coste de las oportunidades que no se ejecutaron durante ese tiempo.

Qué define a un buen proceso de selección de directivos

Un proceso bien ejecutado no empieza buscando candidatos. Empieza entendiendo qué necesita realmente la empresa.

  1. Definir el perfil con precisión. No basta con describir el cargo. Hay que entender en qué momento está la empresa, qué tipo de liderazgo necesita ese equipo ahora, cuáles son los primeros objetivos concretos que se esperan del directivo en los próximos seis o doce meses y qué características personales son imprescindibles para encajar con la cultura interna. Un perfil bien definido es la base de todo lo que viene después.
  2. Mapear el mercado antes de buscar. ¿Quién ocupa posiciones equivalentes en el sector? ¿En qué empresas de la zona trabajan los perfiles que podrían encajar? ¿Quién ha demostrado resultados similares a los que se buscan? Esta fase requiere conocimiento del mercado local y sectorial, especialmente en ciudades medianas y pequeñas donde el tejido empresarial es más específico y los perfiles cualificados se mueven en redes más reducidas. En estos mercados, la cercanía territorial y el conocimiento del entorno son una ventaja real frente a consultoras que operan solo a nivel nacional.
  3. Evaluar más allá del curriculum. La entrevista por competencias, la verificación de referencias profesionales y la valoración del encaje cultural son pasos que no pueden saltarse en este nivel. Un directivo puede tener una trayectoria impecable sobre el papel y no funcionar en el contexto concreto de una empresa. El proceso de evaluación tiene que ir suficientemente lejos para detectar esa diferencia antes de la incorporación.
  4. Acompañar la negociación. Con perfiles directivos, la negociación es más compleja que en otros niveles. El candidato sabe lo que vale, tiene condiciones actuales que defender y habitualmente no acepta la primera oferta. Tener un intermediario que conozca las expectativas de ambas partes facilita llegar a un acuerdo sin que el proceso se enquiste.
  5. Dar seguimiento en los primeros meses. La incorporación no termina con la firma del contrato. Los primeros noventa días son los más críticos para que un directivo se integre, entienda la dinámica interna y empiece a generar el impacto que se esperaba de él. Un proceso bien gestionado incluye este acompañamiento..

Errores habituales cuando la empresa gestiona el proceso sola

No es que no se pueda hacer internamente. Es que hay errores muy frecuentes que, una vez cometidos, son difíciles de corregir.

El más común es publicar en LinkedIn y esperar. La oferta recibe candidatos, pero los que realmente encajan no están entre ellos. El proceso se alarga, la dirección invierte tiempo en entrevistas que no llevan a ningún sitio y la vacante sigue abierta semanas después.

Otro error habitual es definir el perfil replicando el de la persona que se va. Eso lleva a buscar a alguien parecido al anterior sin preguntarse si lo que la empresa necesita ahora es exactamente lo mismo. El contexto cambia, las necesidades cambian, y el perfil debería reflejarlo.

El tercer error está en la evaluación. Avanzar con alguien que genera buenas sensaciones en entrevista, sin contrastar referencias ni profundizar en cómo ha gestionado situaciones concretas en sus empleos anteriores, es un riesgo alto en este nivel. La capacidad de generar una buena impresión y la capacidad de liderar un equipo real en una empresa concreta no siempre van de la mano.

Por último, muchas empresas no tienen un plan de acogida para el directivo que incorporan. Asumen que alguien con experiencia ya sabe moverse. Pero integrarse en una cultura nueva, entender las dinámicas internas y construir la confianza del equipo lleva tiempo, y sin un mínimo de estructura, ese proceso puede torcerse aunque el candidato sea el correcto.

Cuándo tiene sentido externalizar la selección de directivos

No todas las empresas están en la misma situación, pero hay circunstancias en las que externalizar el proceso tiene una lógica clara.

  • Cuando no existe un departamento de RRHH interno con experiencia en este nivel, gestionar la búsqueda, la evaluación y la negociación de un perfil directivo desde cero es asumir un riesgo innecesario.
  • Cuando el perfil es escaso o muy específico y la empresa no tiene una red propia para acceder a él. Esto es especialmente relevante en sectores como el industrial, la alimentación o la construcción, donde los directivos cualificados son pocos y se conocen entre sí.
  • Cuando la confidencialidad es prioritaria y no se puede gestionar la búsqueda a través de los canales habituales sin que la noticia se filtre.
  • Cuando la empresa ya ha intentado una búsqueda propia sin resultado. Cada semana que pasa con la vacante abierta tiene un coste operativo real. Insistir en el mismo enfoque que no ha funcionado no lo va a resolver.
  • Y cuando el tiempo es un factor crítico. Un proceso mal planteado puede alargarse meses. Uno bien ejecutado, con el conocimiento del mercado adecuado, puede resolverse en un plazo razonablemente corto sin sacrificar rigor.

En Etalentum llevamos años trabajando la selección de mandos intermedios y directivos en ciudades medianas y pequeñas, sectores industriales, alimentación y construcción incluidos. Conocemos el mercado local porque trabajamos en él. Eso marca la diferencia cuando el perfil que buscas no está en ningún portal y la solución pasa por contratar una agencia de selección de personal especializada en perfiles cualificados.

Si tienes una vacante directiva abierta y no sabes por dónde empezar, podemos ayudarte a definir el proceso.

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